Adictos a las tecnologías, cuando el mundo real resulta aburrido






La ansiedad y la depresión son las principales amenazas para muchos jóvenes de entre 10 y 19 años. En algunos casos la adicción a las redes es el comienzo de todo. Además, tras la pandemia el número de jóvenes que padecen este problema ha aumentado.

Es el caso de un joven, que prefiere mantenerse en el anonimato, al que la adicción a las tecnologías alteró su vida por completo. Ha explicado cómo fue su vivencia en forma de carta: «Mi uso inadecuado de la tecnología se remonta a los seis años. Con 18 llegaba a acostarme entre las cinco y las ocho de la madrugada y levantarme a las nueve para ir a clase. Caí en un episodio depresivo», relata en ‘La Hora de la 1’.

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Todo empezó con una consola

Para entender su adicción tenemos que remontarnos a sus 6 años, momento en el que recibe la primera consola. Desde entonces, su relación con las tecnologías se mantuvo a lo largo del tiempo y se acentuó cuando llegó a la Universidad: «El ritmo de sueño y hambre se veían muy alterados por el empleo excesivo del móvil y el ordenador, llegando incluso a acostarme a las ocho de la mañana y levantarme a las nueve para ir a clase», relata.

El tiempo iba pasando y este joven no era consciente de que su problema avanzaba: «Caí en un episodio depresivo que me hizo abandonar la carrera y pese a estar pasando una muy mala etapa, era totalmente incapaz de abandonar mis hábitos, haciendo que la depresión se fuera agudizando», ha plasmado este joven en la carta.

Meses después, se dio cuenta de que no podía seguir así: «Me propuse desintoxicarme de las tecnologías. Hice una terapia de 21 días de desconexión total. Sin pantallas, apuntándome a diferentes actividades. Y mi estado de ánimo fue mejorando», concluye. Una terapia que le devolvió su vida.

«Empiezan a tener problemas de concentración, de memoria»

Cada vez son más los jóvenes que viven pegados a dispositivos conectados a Internet. El Servicio de atención en adicciones tecnológicas de la Comunidad de Madrid asegura que las horas frente a los dispositivos son clave. Devi Uranga es directora de Atención de Adicciones de la CAM: «Dos horas diarias suelen ser buenas para el ocio. A partir de ahí, cuantas más horas, más en riesgo está el menor. Las tecnologías provocan dependencia y dejarlas puede ser desagradable», relata.

De media, este servicio recibe al día entre tres y cuatro casos y tras la pandemia se ha visto incrementado: tienen incluso lista de espera. Una situación similar es la que ha experimentado el Servicio de Psicología de la Universidad de Murciahan visto duplicado su número de pacientesJosé Antonio Ruiz es director del servicio de psicología de esta universidad: «Empiezan a tener problemas de concentración, de memoria. Hay que tener en cuenta que las redes sociales son muy atractivas y el mundo real empieza a resultarles aburrido», explica el profesor.

Y es que las nuevas tecnologías cambian por completo su percepción de la realidad: «A veces las redes sociales presentan un mundo ficticio, irreal. Un mundo que cada vez atrapa a más jóvenes», concluye el profesor.

¿Qué es FOMO?

El miedo a perderse algo en las redes puede alimentar la adicción a ellas y la ansiedad en los jóvenes. Es lo que se conoce como FOMO, un miedo que impulsa a un consumo excesivo y que puede provocar que se ignoren las relaciones reales.

Las redes sociales no paran de enviar información sobre lo que hacen amigos y familiares, sobre posibilidades de ocio e incluso ofertas laborales, y eso provoca en algunos usuarios miedo a perderse lo que pasa fuera de ellas. En inglés lo han llamado por sus siglas, F.O.M.O. Más que de un síndrome, psicólogos y sociólogos prefieren hablar del temor que siempre ha habido a la exclusión social, que ahora se hace visible en la red. La ansiedad por estar desconectados es mayor entre los jóvenes: si el grupo está en las redes y todo pasa en las redes, no pueden quedarse fuera.

Teresa Sánchez es experta en Adicciones Tecnológicas y Drogodependencias de UNIR: «El uso común suele tener lugar durante una serie de horas. El FOMO, es ese término inglés que significa miedo a perderse información y estar conectados. Es esa dependencia, a tener la necesidad de estar mirando redes sociales y alejar nuestra realidad en el día a día«.

Sin embargo, en ocasiones no es tarea fácil identificar que existe un problema de adicción: «Precisamente la falta de control es la clave para distinguir entre alguien que puede controlar la utilización de la tecnología o, por el contrario, debe consultar con profesionales que le ayuden a identificar el problema», explica la experta.

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