Juan de Dios, el yihadista converso investigado por un atentado en prisión: «Tú serás el primero»




  • Juan de Dios F.L., un extremeño convertido al Islam, rajó el cuello de un funcionario de prisiones en Murcia

  • El agresor, en seguimiento por presunto adoctrinamiento yihadista, protagonizó varias agresiones en Cádiz

  • La Policía Judicial ha remitido el caso a la Audiencia Nacional al considerarlo terrorismo islamista

El pasado 1 de julio, un preso de la cárcel de Murcia 2 agredió gravemente a un funcionario de prisiones. Hasta ahí, y aunque parezca sorprendente, todo normal. Otro día en la oficina para estos trabajadores públicos; un colectivo que sufre una agresión cada 36 horas. Lo particular de esta historia llegó más tarde, cuando apareció la policía.

El reo le había rajado el cuello (literalmente) al trabajador con la tapa de una lata. Como la hemorragia no cesaba, tuvo que ser trasladado de urgencia a un centro de salud. Mientras, la Policía Judicial iniciaba la investigación recabando información con los testigos. Una vez hechas las indagaciones, procedieron a informar a los responsables de la prisión: “Este caso va a ser derivado a la Audiencia Nacional, porque podemos estar hablando de un atentado yihadista”.

Lo confirmaron el miércoles, en rueda de prensa, los dos sindicatos mayoritarios de prisiones: ACAIP y CSIF. Protestaban por el incremento de agresiones a funcionarios en los últimos días. Se refirieron al casi del ‘Nene’, un boxeador que mató a su compañero de celda en su primer día en presidio. También a una segunda agresión en un penal valenciano.

Y, por último, hablaron de este presunto atentado yihadista cometido en la cárcel de Murcia 2. De ser confirmado como tal por la justicia, sería el primero de esta naturaleza que se produce en España dentro de una cárcel. La investigación sigue su cauce, pero mientras, este diario explica los pormenores del suceso. ¿Qué sucedió el 1 de julio en la prisión de Murcia? ¿Quién fue el autor?

La fe del converso

1 de julio, 17:50 horas. Un funcionario de prisiones completa tareas de papeleo en su módulo de la cárcel Murcia 2 (Campos del Río). Es el único funcionario que hay para controlar a unos 130 presos de diferentes perfiles. En un momento determinado, se le acerca a la garita un preso recién llegado al penal que acumula varias incidentes durante su anterior estancia en un penal gaditano.

Es nacional y no nacionalizado. Extremeño, de 8 apellidos españoles y bautizado con un nombre bien cristiano: Juan de Dios. Un tipo conflictivo nacido en 1983 que entró por primera vez en prisión 2002 por delitos de otra tipología. En los últimos años abrazó el Islam y se radicalizó de forma exprés. Aunque tiene la categoría de preso común (porque entró por delitos no relacionados con el yihadismo), se encuentra en seguimiento en el fichero FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) de prisiones por adoctrinamiento.

Juan de Dios fue a cumplir inicialmente su condena a Cádiz. Ingresó en el penal Puerto III, aunque finalmente tuvo que ser trasladado de allí también. El motivo es que sumaba un total de cinco agresiones a diferentes funcionarios de la cárcel andaluza. Tenía, cuentan fuentes penitenciarias, una personalidad agresiva. “Suele suceder con los conversos; son más conflictivos que los demás”, apostillan.

Lobo solitario

Juan de Dios llegó a la cárcel de Murcia 2 hace poco más de un mes. Su aspecto le delataba: larga barba, vestimentas de corte árabe y un rechazo absoluto a relacionarse con nadie. Pasaba sus días, cuentan, paseando solo por el patio y sin socializar con el resto de presos. Sus pocas interacciones, además, solían ser ásperas, cuando no directamente agresivas.

La mañana del 1 de julio, Juan de Dios se plantó en la garita del funcionario de prisiones para pedirle una instancia. Esto es, un documento que los presos deben rellenar para formalizar cualquier tipo de petición, de la índole que sea. En este caso, el interno quería saber cuánto dinero le quedaba en el peculio. El funcionario, que en ese momento se encontraba completando otra documentación, le dijo al preso que esperase, que tenía las instancias en otra oficina.

Juan de Dios se apartó del lugar (aparentemente) despotricando del funcionario. Éste, al concluir su trabajo y salir de la garita, se dispuso a ir a la oficina donde guardaba las instancias. Le dijo a Juan de Dios que le acompañase, sin saber que el interno se había armado y le esperaba armado con un objeto cortante. Concretamente, la parte superior de una lata. Cuando ambos emprendieron la marcha a la oficina, Juan de Dios se abalanzó por sorpresa sobre el trabajador de prisiones.

Tú serás el primero”

El preso agarró al funcionario por detrás y le rajó el cuello de derecha a izquierda. Un corte que se quedó, según fuentes penitenciarias, a solamente 1,5 centímetros de la yugular, cuya sección hubiese resultado fatal. En el momento en el que le estaba rajando el cuello, espetó una frase que es una de las claves de esta investigación: “Tú serás el primero”.

Esta amenaza, unida al perfil de Juan de Dios, así como su habitual agresividad hacia los funcionarios de prisiones (se le contabilizan hasta 5 agresiones o tentativas en su anterior cárcel) es la que va a ser investigada por la Audiencia Nacional, según confirmaron los sindicatos de funcionario de prisiones, para ver si podría tratarse de un atentado yihadista premeditado.

Respecto a la salud del funcionario, explican los sindicatos que no se teme por su vida, pero que la lesión fue grave. De hecho, Juan de Dios no consiguió cortarle la yugular gracias a la actuación de los otros presos comunes, que al ver la escena se abalanzaron sobre él y lograron apartarlo del funcionario y despojarle del objeto cortante. Juan de Dios huyó de la zona y se atrincheró en el patio, donde agredió a otro funcionario propinándole un puñetazo en la nariz.

Cazador de mentes

La herida del cuello del primer funcionario revistió tanta gravedad que, durante la fase de primeros auxilios, no le consiguieron cortar la hemorragia. Eso obligó a avisar a una ambulancia que trasladó al herido a un centro de salud de Murcia, después de haber perdido mucha sangre. No se teme por su vida, pero la lesión ha sido grave y las secuelas psicológicas de la víctima también.

Curiosamente, la prisión de Murcia II es el lugar en el que se practicó la última detención por captación de yihadistas en las cárceles españolas. Sucedió en abril del año pasado, cuando la Policía arrestó a I.S., un ceutí de 30 años que está acusado de captar a jóvenes para el Estado Islámico. Según fuentes de Interior, el detenido se encargaba de distribuir propaganda del Daesh dentro de la cárcel.

I.S. está considerado por los investigadores como un ‘mindhunter’, o lo que es lo mismo, un ‘cazador de mentes’. Esto es, una persona que se ha radicalizado y que tiene un discurso capaz de radicalizar a otras personas, aunque se trate de presos que han llegado a la cárcel por delitos comunes o no relacionados con el yihadismo.

El drama del funcionario

Y, de fondo, los problemas que denuncian día sí y día también los sindicatos de funcionarios de prisiones: por un lado, la falta de efectivos. El funcionario atacado era el único que velaba por la seguridad de un módulo con más de 130 presos. De ellos, alguno padece trastornos mentales, que es otra de las claves de la insostenible situación del colectivo: “Han convertido las cárceles españolas en manicomios”, sentenciaba José Ramón López, presidente de ACAIP.

«La enfermedad mental es uno de los principales problemas en las prisiones españolas. El 30% de los internos tiene algún tipo de tratamiento psiquiátrico. Los centros penitenciarios no estamos preparados para una correcta atención, siendo estos internos protagonistas de muchos de los incidentes más graves. Tampoco tenemos acceso a sus historiales médicos. Y no es lo mismo tratar con un esquizofrénico, un depresivo o alguien con otros trastornos.”, prosiguen.

“Entre eso y las políticas ‘buenistas’ del gobierno, estamos cada vez más desprotegidos. A todo eso se le suma la endémica falta de personal (2869 vacantes), la nula formación que recibimos los trabajadores y el envejecimiento de la plantilla. La media de edad está por encima de los 50 años. Pero en algunas prisiones rebasa los 58 años. Son funcionarios que, si salvan la situación, es por experiencia. No por recursos impuestos por la administración pública”, concluye López.

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