La historia del barrendero que murió en Madrid por un golpe de calor




Medina de las Torres ha amanecido este martes entre la sorpresa y la consternación después de haberse conocido que José Antonio González, el barrendero que falleció el pasado sábado en Madrid a causa de un golpe de calor, tiene sus raíces en este municipio pacense de apenas 1.200 habitantes. La suya es la historia de las miles de familias extremeñas que emigraron en la década de 1970 a la capital de España en busca de un futuro mejor. José Antonio, el menor de cinco hermanos, se fue del pueblo con apenas 8 años y aunque hoy solo los más mayores lo recuerdan allí, todos lamentan su trágica muerte.

«Tan joven, en esas circunstancias y encima habiendo cambiado el turno. Es una desgracia en toda regla», afirma Isaac Rodríguez, portavoz del equipo de Gobierno de Medina de las Torres. Reconoce que ni José Antonio ni sus hijos, Miguel y Laura, de 21 y 19 años, son muy conocidos en el pueblo porque no han ido a veranear allí con frecuencia, pero asegura que todos los vecinos se sienten conmovidos por semejante tragedia de la que ahora nadie deja de hablar.

A día de hoy no tienen familia directa en el municipio, pero sí algunos primos y parientes lejanos. «Nos lo dijo una vecina y cuando nos enteramos dije: esto tiene que estar mal», afirma Rodríguez después de que el diario El País adelantara este pasado lunes de que la víctima era un emigrante de este municipio pacense.

José Antonio ya se había quejado a su familia de las «criminales» temperaturas y días antes de su muerte buscó en Google los síntomas del golpe de calor

La familia de José Antonio regentaba en Medina de las Torres una fábrica de gaseosa, pero su padre la cerró hará ya unos 50 años y toda la familia emigró a Madrid. «Él hizo allí su vida». Primero en Móstoles, donde conoció a su mujer, Mari Ángeles, y después en el barrio madrileño de Orcasitas, en el distrito de Usera. Empezó a trabajar en la frutería Los Toledanos, en el barrio de Aluche. Allí estuvo años como empleado hasta que tras la jubilación del propietario se quedó con el negocio, que pasó a ser Frutería Miguel y Laura, como sus hijos. Pero llegó la crisis, cerró la tienda y aceptó una oferta para trabajar en una cadena de supermercados.

Tras varios años en el sector enlazando contratos en distintas empresas, fue despedido de manera improcedente. Ya no volvió a encontrar trabajo de frutero y tras unos años difíciles, consiguió abrirse un pequeño hueco como barrendero en Urbaser, una de las subcontratas encargadas de la limpieza de las calles de Madrid. En un principio fue contratado para los fines de semana con la expectativa de poder volver en verano. Y así fue: regresó el 1 de julio, con un contrato de un mes.

Cambio de turno

Todo comenzó el 15 de julio, el día que José Antonio y Mari Ángeles cumplían 22 años de casados. No hubo celebración: debía ir a trabajar porque a sus 60 años ese contrato de barrendero le había devuelto a la vida laboral y «tenía que demostrar que valía». Ese día además cambió el turno de tarde a un compañero que se lo pidió.

Salió de su casa minutos antes de las tres de la tarde con dos botellas de agua y un pulverizador para refrescarse. España estaba sumida en una de las olas de calor más tórridas que se recuerdan y José Antonio ya se había quejado a su familia de las «criminales» temperaturas que soportaba en la calle barriendo. De hecho, días antes de su muerte buscó en Google los síntomas de un golpe de calor. Temía que pudiera pasarle y finalmente ocurrió.

Hacia las 17.30 horas del pasado viernes, Emergencias Madrid recibía una llamada de un testigo avisando de que un hombre se había desplomado en la avenida San Diego de Puente de Vallecas. Cuando llegaron los sanitarios, José Antonio presentaba una temperatura corporal de 41,6 grados. Le aplicaron hielo en las axilas, las ingles y la nuca, además de suero salino frío. Pero fue insuficiente para que recobrara el sentido y finalmente, fue intubado y trasladado en estado grave al Hospital Gregorio Marañón, donde falleció un día después.

Su muerte ha causado una gran conmoción en todo el país, después de que la familia haya hecho públicas las condiciones en las que José Antonio estaba trabajando. «Estaba barriendo con 42 grados, solo, en la calle, rodeado de asfalto y con una vestimenta que aumenta el calor corporal…»

El caso ya es viral y su familia, abrumada por el revuelo mediático, ha decidido no conceder más entrevistas. «Queda clara nuestra postura y ya queremos privacidad», afirma su hijo, Miguel Ángel González, que agradece todas las muestras de apoyo recibidas. De momento , con su denuncia han conseguido que el Ayuntamiento de Madrid permita a los barrenderos flexibilizar su horario de forma voluntaria para evitar las horas de mayor exposición al sol.

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