Sostenibles y un ejemplo de valores: la empresa que abre camino al calzado del futuro | Un Futuro cercano | España



El tacto es el primer sentido que se desarrolla en el vientre materno. Y acostumbra a ser el último en malograrse del todo. Las sensaciones que trae son de una fisicidad tal, son tan evocadoras, que hay quien tiene el talento para diseñar a partir de lo que las yemas de los dedos o la palma de la mano le dicen, cuando toca un material. Él es Diego Soliveres (Santa Cruz de Tenerife, 1980) y su historia daría para una buena película. Tiene una discapacidad visual del 75%. Dos colegas de su equipo de fútbol, Roberto Mohedano y Aitor Carratalá, llevaron un día a la pachanga una zapatilla que habían fabricado. “Venga, pruébala”. Él la acarició, la sopesó. Tanto se sorprendieron de sus apreciaciones que le propusieron: “¿Y si diseñas tú unas?”. Así, en 2018, entre los tres, nació Timpers. Su calzado vegano se confecciona en Alicante, a partir de materiales reciclados y con procesos sostenibles. La empresa, con una plantilla compuesta íntegramente por personas con discapacidad, cerró el 2021 vistiendo al equipo Paralímpico español en los Juegos de Tokio y con más de 12.000 pares vendidos. “No somos una ONG”, advierte Soliveres, que prepara la expansión internacional de la marca y, para su crecimiento futuro, confía en la “visibilidad y credibilidad” que le aportan plataformas de venta en línea como Correos Market.

“El tacto del fieltro verde y de una talonera de corcho puede transportarte a un bosque; acariciar la tela vaquera a mí me lleva a las cazadoras que vestía las primeras veces que salía de fiesta: no es solo algo sensorial, evoca recuerdos, y eso es algo fundamental para mí, a la hora de concebir nuestras zapatillas”. Soliveres habla con pasión, dice que el braille ha configurado su forma de pensar —al fin y al cabo pensamos dentro de lo que cabe en cada palabra, y para él se dibujan así, al tacto—, y que la mayoría de sus modelos tratan de comunicar esas sensaciones: “calidez, la comodidad de un lugar conocido”. “Ojalá, al tocar el grabado de Timpers los que usan nuestras zapas sientan algo parecido”.

Es el resultado de un camino por el que no han parado de recibir premios reconociendo su labor emprendedora, en el que han sabido convertir un traspié en una oportunidad. Literalmente. En agosto de 2021 les robaron el 60% de su producción de los almacenes de Torrent (Valencia), unos 1.000 pares. Podría haber sido su ruina, porque ni podían cumplir con las ventas comprometidas ni tenían capital para seguir fabricando y restañar la herida. Pero su campaña de comunicación en redes sociales se hizo viral y dieron la vuelta a la tortilla: los conoció más gente que nunca y, en octubre de ese mismo año, Angels Capital, el vehículo inversor del presidente de Mercadona Juan Roig, entró a formar parte de su accionariado, después de llevar desde mayo de 2019 apostando por ellos en su lanzadora de empresas. “Surgimos en la cuna mundial del calzado: Alicante, Elche, Elda… Aquí la gente sabe lo que cuesta lo que hacemos y nos valora”, valora Soliveres.

“Existe una idea errónea: reciclado, ecológico o vegano no significa más caro. Se puede ser ecológicos fabricando con un precio medido”

Diego Soliveres

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Aunque no existe todavía una definición comúnmente aceptada de cuándo puede decirse que la producción de un zapato es ecológica, aunque cunden ideas preconcebidas erróneas —por ejemplo, un zapato hecho de la piel de una vaca de la industria alimentaria es indudablemente más ecológico que uno de plástico—, sí es cierto que todo el sector es consciente de que hablar de sostenibilidad atañe a multitud de ámbitos: no es solo una cuestión de reducir el consumo de agua o materias primas, de emplear energías limpias en los procesos de fabricación, de generar menos residuos, de hacer un calzado duradero y reciclable. No. También debe concienciarse al consumidor de que “no hay nada más sostenible que la producción de proximidad”, como indica la patronal española del calzado Fice. Abandonar el usar y tirar, comprar kilómetro cero.

Uno de los artesanos de Timpers cose una zapatilla.Timpers

La presidenta de Fice, Rosa Perán, vicepresidenta del grupo Pikolinos, en ese sentido, resalta la importancia de una “nueva normativa como la que plantea la Comisión Europea para formar a empresarios y trabajadores y avanzar hacia una economía circular”. Si España, que junto con Italia y Portugal es uno de los grandes productores mundiales de calzado de calidad, si todos los fabricantes europeos dispusieran de una etiqueta homologada que garantizara la trazabilidad de su producto y su sostenibilidad, el comprador tendría una prueba irrefutable al alcance de su mano, frente a la competencia del calzado peor y más contaminante llegado de Asia.

Como Timpers, en los últimos años han surgido solo en España más de una veintena de marcas que apuestan por esos mismos principios: calidad sostenible. “La sostenibilidad y la digitalización pueden marcar la diferencia para los productos de alta calidad en un entorno económico adverso. Necesitamos apoyo público para concienciar a los consumidores”, resume Carmen Arias, secretaria general de la Confederación Europea del Calzado (CEC).

Y es que, como explica Soliveres, para estos emprendedores la dificultad estriba en llegar a los puntos de venta: puede fabricarse a un precio contenido comprando materia prima local y pagando salarios nacionales, pero la distribución en tiendas o el porcentaje que se llevan algunas grandes plataformas digitales implica un aumento sensible del precio final del producto. Por eso, muchos apuestan por la venta directa o por la oportunidad que brindan escaparates como Correos Market. “Para nosotros es un honor. Apostamos por el e-commerce desde el principio y ellos son una marca referente en España que nos aporta visibilidad y credibilidad. Si más productores locales se sumaran a sinergias como la que impulsa Correos, juntos podríamos llegar a todos los rincones con producto ecológico y de calidad manteniendo precios razonables”, argumenta Soliveres.

Roberto, Aitor y Diego ahora viven absortos en su criatura. Aitor aún baja un par de días por semana a Alicante para entrenar al equipo de fútbol cinco del que surgió todo, pero las pachangas de amigos, digamos, han padecido el éxito de la empresa que propiciaron. Tienen en mente abrir una tienda Timpers en Valencia (“para que el cliente pueda venir y tocar las zapatillas”, dice Diego) y, en un plazo de dos años, calculan que habrán logrado, si nada se tuerce, la expansión internacional. “Queremos crecer sin renunciar a nuestros valores, así que se impone un tempo más lento”, declara optimista Diego, que añade: “Ahora que el fútbol se ha puesto más complicado y que la batería se ha tenido que convertir en un hobby, he pedido un tándem, para poder hacer rutas en bici con mi pareja”.

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