Tres cuartos al pregonero


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Antonio Cosmen ha hecho de adaptar la franquicia un arte en Puente de Vallecas y su Cruz Blanca. Un arte de sí mismo. Allá donde las franquicias imponen, él dispone desde 2003. Más allá de las bebidas y las cuotas, su cocina es su reino, la barra es su principado y es el virrey oficioso de Vallecas: tanto que el día que se ‘le pone la oreja’ en su local, Antonio Cosmen, natural del sur arbolado de Asturias, donde hay osos y vinos, va y viene y prepara con cierta afonía el pregón de las fiestas, de la Virgen del Carmen vallecana. Antes, ha arreglado la máquina de churros que es un empleado más, frente a donde un parroquiano no quiere foto y lee las páginas deportivas como el Eclesiastés. Cerca, casi en un balconcillo de la barra, Guadalupe, de Aranda de Duero, discute de broma con un camarero rumano con deje vallecano de siempre. Que «si vete a tu país ya, todo el día te tengo aquí», que si «qué guapa estás estás con el calor», y muy cerquita Manuel Salazar, de Badajoz (como Los Chunguitos), rotundo en su aperitivo, con su cañón de cerveza («el más grande que haiga») y unas zapatillas para el calor. La vida, reflexiona Salazar, «es achuchar». Y achuchar, como tal, se apretó el cañón cervecero. Dice Antonio Cosmen, una suerte de chamán del barrio, que cogió en el 2003 el Bar Jorge, lo tuneó con pingüinos de cartoné, y le dio fama a su cocido. El Emérito lo probó («vengo a tomar el mejor cocido de España»), y Cosmen, que vio un reportaje de la Casa Real y del servicio sopero, dejó que fuera Don Juan Carlos quien procediera al volcado («el Rey venía a verme a mí, a quién si no va a venir a ver a Vallecas»). Cosmen ha tenido que subir de 11 a 12 euros la ración de oreja, la inflación, y es hablar de casquería y que cada cual pontifique: «Como te pongan el bar de gallinejas debajo de la casa, te han ‘jodío’ la vida». Hace un calor fuera como para destetar carneros, que dijo Cela con más veneno. Dentro el aire funciona, y por los ventanales entra un resol que rebota y enciende sus recortes de prensa combativos y hasta una placa de honor de la Orden del 2 de Mayo en reconocimiento a sus servicios en el ‘comercio’ y el ‘bebercio’. Cuando llegan los de siempre, el «sanedrín de Vallecas», Antonio, que es inmobiliario y saluda como quien reparte tarjetas –apretón firme, que algo queda–, filosofa sobre que el «bar la Cruz Blanca es el termómetro« del barrio. Hay calamares que ha servido Cosmen con cortesía; el dueño abandona el sanedrín vallecano (dos vecinos montan una radio local y lo quieren de Joaquín Prat con mandil) para repasar el pregón, escrito en los frescos de Leitariegos. Cosmen no quiere una cosa berlanguiana de ‘alcalde vuestro’, sino hacer caso a lo que decía Tierno Galván de declamar «como los pollos beben agua». Esto es, levantando la cabeza a ratos y mirando al tendido. Paco Jémez (ex del Rayo) le manda un saludo a la distancia.

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