Vox sufraga con dinero del Ministerio de Cultura un documental contra el brasileño Lula | España



Santiago Abascal, a la derecha, y Eduardo Bolsonaro, hijo del actual presidente de Brasil, en junio de 2020.Eduardo Sanza (Europa Press)

Vox propone acabar con el llamado “gasto político” y ha logrado que la Junta de Castilla y León recorte en un 50% las subvenciones a patronal y sindicatos, pero no ha renunciado a ninguna de las ayudas públicas que le corresponden. Santiago Abascal contaba ya con una fundación, Defensa de la Nación Española (Denaes), años antes de crear Vox, pero esta no podía beneficiarse de las subvenciones que la ley otorga a las fundaciones vinculadas a los partidos en función de su número de votos y escaños. Por eso, Vox creó en julio de 2020 su propia fundación, Disenso, que ya ha recibido 92.342 euros en ayudas públicas y espera obtener otros 112.342 este año.

La principal subvención pública ingresada hasta ahora por Disenso se la concedió en noviembre pasado el Ministerio de Cultura y Deporte, dentro de un paquete de medio millón de euros cuyo objetivo era el “fomento de las actividades de estudio y desarrollo del pensamiento político, social y cultural que realicen las fundaciones y asociaciones vinculadas con partidos políticos”. De acuerdo con los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2019, la fundación de Abascal fue la tercera más beneficiada, detrás de las del PSOE y el PP, con 77.762,98 euros.

Según Disenso, esta subvención pública se ha destinado a la financiación de un documental contra el Foro de São Paulo, una plataforma que agrupa a partidos latinoamericanos de izquierdas, desde socialdemócratas a comunistas. El filme, de algo menos de media hora de duración, alterna imágenes históricas con entrevistas a dirigentes de Vox y sus aliados, incluido el propio Abascal. Uno de sus principales protagonistas es Eduardo Bolsonaro, hijo del actual presidente de Brasil y diputado por São Paulo, quien arremete contra el principal rival de su padre en las elecciones del 2 de octubre, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. “Están hablando por la calle de que Lula es libre, [de que] es un perseguido político, cuando sabemos que es el protagonista del mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil”, afirma.

El hijo de Jair Bolsonaro no es el único que ataca a Lula en el documental de Vox. La escritora cubana Zoé Valdés declara que “Lula se convirtió en lo que ya sabemos hoy día que es: un corrupto”. Por su parte, la política venezolana María Corina Machado, asegura que “varios miembros [del Foro de São Paulo] han sido enjuiciados por corrupción, como el expresidente brasileño Lula da Silva”, mientras que el periodista peruano Aldo Mariátegui asegura que las constructoras brasileñas hicieron un pacto con Lula para “repartir coimas [sobornos] por doquier”.

Lula, presidente de Brasil entre 2003 y 2010, fue condenado por corrupción y pasó 19 meses en la cárcel, lo que le impidió presentarse a las anteriores elecciones de 2018, pero el Tribunal Supremo anuló las condenas, permitiendo así su rehabilitación política, y la imparcialidad del juez que lo condenó quedó en entredicho cuando se convirtió en ministro de Justicia de Bolsonaro.

El documental de Disenso, subvencionado por el Ministerio de Cultura, no solo ataca a Lula y otros partidos de la izquierda latinoamericana, sino también a Podemos y al Gobierno de Pedro Sánchez. “Estoy seguro de que los españoles van a cambiar de posición y a sacar a los socialistas del poder porque, si no lo hacen, será España la próxima Venezuela”, afirma Eduardo Bolsonaro.

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“Un grado más [de temperatura] sería ventajoso”

Además, la fundación de Vox ha recibido una subvención del Ministerio de Asuntos Exteriores para financiar “actividades en el marco del Plan Director de la Cooperación española a fundaciones y asociaciones dependientes de partidos”; actividades que en teoría se dirigen a la “formación, consolidación y difusión del sistema democrático, especialmente en los países prioritarios” de la cooperación española al desarrollo.

En este caso, la subvención, de 34.580 euros, se ha dedicado a financiar una misión de observación electoral y a la confección de un informe sobre “las consecuencias negativas de la Agenda 2030″, el programa de desarrollo sostenible del planeta aprobado en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas.

El informe de la fundación Disenso sobre la Agenda 2030 critica los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y asegura que los dos primeros (“poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo” y “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”) “destilan en sus metas e indicadores un tufo a comunismo y expropiación bastante detectable”. También descalifica la lucha contra el cambio climático, asegurando que, “en realidad, el aumento de un grado centígrado [de la temperatura media de la Tierra] desde el siglo XIX ha sido favorable para la humanidad, y posiblemente un grado más resultaría todavía ventajoso (con diferencias regionales, obviamente) […] Nuestros tatarabuelos sobrevivieron a las glaciaciones y nuestros bisnietos de 2100 solventarán un calentamiento de dos grados sin bajar del autobús”, concluye.

Ninguna de estas ideas son nuevas en Vox. Lo novedoso es que el informe lleve el logo de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID), ya que ha sido financiado con sus fondos, teóricamente destinados a la ayuda al desarrollo de los países pobres.

A pesar de su juventud, Disenso exhibe un notable músculo económico. Según su plan de acción para 2022, este año afrontará unos gastos de 2,7 millones de euros, de los que 112.342 procederán de subvenciones públicas; lo que supone un incremento del 20% respecto a lo recibido en 2021.

No obstante, el grueso de sus ingresos procederá de aportaciones privadas, nada menos que 2,8 millones, una cifra muy superior a la que recibe cualquiera de las otras fundaciones de partidos. No se sabrá quiénes son los donantes hasta que Disenso haga públicas sus cuentas (EL PAÍS ha pedido hablar con su director, Jorge Martín Frías, sin recibir respuesta), pues las donaciones a las fundaciones de los partidos están controladas, aunque las normas sean más laxas que las que se destinan directamente a las formaciones políticas.

Lo que se sabe es que en 2020 Vox transfirió a su fundación 400.000 euros, incluidos los 30.000 de su dotación fundacional, y que en 2022 le ha donado otros 2,5 millones de euros. Pero no puede decirse que se trate de donaciones privadas: el 65% del dinero con que cuenta Vox procede del erario público.

Abascal se blinda como “patrono vitalicio”

Santiago Abascal es el presidente de Disenso. En sus estatutos figura como “patrono vitalicio”, junto al eurodiputado Hermann Tertsch y Kiko Méndez Monasterio, mano derecha del líder de Vox y una de las personas con más poder en el partido, pese a que no ocupa ningún cargo en la organización. Al tener su puesto carácter vitalicio, Abascal podría seguir en el futuro siendo patrono de Disenso aunque se quedara en minoría en Vox.

En cambio, el puesto de presidente de la fundación solo lo tiene por cinco años, pero es difícil que nadie pueda arrebatárselo: el presidente es elegido por el patronato, cuyos nuevos miembros son elegidos a su vez por el patronato, a propuesta del propio presidente. Los patronos no cobran sueldo, pero sí indemnizaciones por los gastos que les ocasione el ejercicio del cargo y pueden ser retribuidos por prestar a la fundación “servicios distintos de los que implique el desarrollo de sus funciones” en el patronato.

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